Síndrome de Capgras: cuando las emociones fallan en el reconocimiento
Ha sido un día largo en la oficina. El metro lleno, el tráfico insoportable, el cansancio acumulado. Pero ya estás cruzando la puerta del rellano. Por fin, casa.
Metes la llave, entras y ahí está tu pareja, la persona que llevas todo el día esperando ver.
Solo que… algo es distinto.
La forma del rostro, su voz, sus gestos, todo parece igual. Pero tú no sientes nada. Ni alegría, ni ternura, ni ese pequeño alivio emocional de “ya estoy en casa”.
Y tu cerebro empieza a hacer su magia: si esa persona se ve igual, pero no sientes lo mismo… entonces no puede ser ella, ¿verdad?
Bienvenido al fascinante —y un poco inquietante— mundo del Síndrome de Capgras.

El síndrome de Capgras: cuando el cerebro se confunde de emoción
Este trastorno psicológico (sí, muy real) lleva a quien lo padece a creer que una persona cercana —su pareja, su madre o su mejor amigo— ha sido reemplazada por un impostor idéntico.
Y lo curioso es que la persona sabe que suena absurdo, pero su sensación interna es tan intensa que no puede pensar otra cosa.
Quien lo sufre puede decir cosas como:
“Sé que se parece a mi marido, pero algo en mí me dice que no es él.”
Desde fuera puede parecer una película de ciencia ficción, pero tiene una explicación neuropsicológica muy interesante.
Las bases cerebrales del reconocimiento: ver y sentir
Reconocer a alguien no es solo cuestión de vista.
Nuestro cerebro combina la información visual (lo que vemos) con la respuesta emocional (lo que sentimos).
Cuando ambos sistemas se comunican correctamente, identificamos a la persona no solo por su cara, sino también por la emoción que nos despierta.
Aquí entran en juego dos estructuras clave:
🧠 El giro fusiforme, una zona del lóbulo temporal encargada de reconocer rostros.
❤️ La amígdala y el sistema límbico, responsables de asociar emociones a esos rostros familiares.
En el síndrome de Capgras, esta conexión entre el “reconozco su cara” y el “siento que es esa persona” se rompe.
El giro fusiforme sigue funcionando —por eso reconoces la cara—, pero la amígdala no responde emocionalmente.
El resultado: ves a tu pareja, pero no sientes que sea tu pareja.
Tu cerebro, buscando una explicación lógica a esa desconexión emocional, crea una historia: “esta persona es un impostor”.
Emoción y realidad: lo que sentimos también nos hace reconocer
Este fenómeno nos recuerda lo poderosas que son las emociones en la construcción de nuestra realidad.
No solo vemos con los ojos, también con el corazón y con la memoria emocional.
Lo que sentimos hacia los demás forma parte esencial de cómo los percibimos.
Sin esa conexión emocional, la realidad se distorsiona.
Y esto no solo ocurre en casos clínicos extremos. En el día a día, nuestras emociones también influyen en cómo interpretamos los gestos, las miradas o las intenciones de los demás.
¿Qué podemos aprender de esto?
El síndrome de Capgras es un ejemplo extremo, pero nos enseña algo muy humano: necesitamos sentir para reconocer.
Las emociones son un lenguaje silencioso que le da sentido a lo que vemos, a nuestras relaciones y a quiénes somos.
Y si alguna vez sientes que algo en ti no encaja, que hay una desconexión entre lo que ves y lo que sientes, aunque con casi total seguridad no se tratará del síndrome de Capgras, hablarlo con un psicólogo online puede ser el primer paso para entenderte.
La terapia online es una herramienta accesible y eficaz para explorar cómo tus emociones influyen en tu percepción y en tu bienestar diario.
En resumen
El síndrome de Capgras nos muestra cómo una pequeña desconexión cerebral puede cambiar radicalmente nuestra experiencia emocional del mundo.
Ver no siempre es reconocer. Y a veces, reconectar con nuestras emociones es la clave para volver a sentir que todo encaja.

Deja un comentario